El viernes día 15 de enero, bien prontito y casi por los pelos, cogimos el tren dirección Madrid. Después de 4 horas y algo más, llegamos a la estación de Chamartín donde se acercó algún pariente que nos hizo de guía por el metro para llegar enteros a Barajas.
Terminal 2: en cuanto pudimos facturamos las maletas y nos fuimos a comer al timo-bar de una baguette de dos bocados a 4 euros. Siguieron desfilando amigos y parientes para despedirnos pasando el detector de metales.
Y aquí es cuando empieza nuestra pequeña odisea: de Barajas a Roma, y seguido el vuelo de 12 horas de Roma a Sao Paulo. ¡¡Llegamos a Sudamérica!! Por lo menos eso es lo que ponía el aeropuerto, ya que no salimos de él, ni tuvimos que recoger maletas, ni nada de nada… simplemente nos “encerraron” doce horas en un pasillo que casi no tenía ni dónde comer. Pasamos las horas durmiendo, paseando, echándonos colonias del DutyFree y bebiendo Guaraná.
Por fin embarcamos de nuevo: de Sao Paulo a Lima, y de Lima a La Paz. A las 00.30h del domingo día 17, llegamos al fin a casa.
Fueron casi 48 horas de viaje, atrasando el reloj, repitiendo horas, comiendo mal y durmiendo peor, pero todo tuvo su recompensa.
Al pasar la aduana de La Paz, declarar y presentar pasaporte, estaban esperándonos unas cuatro personas. Uno era Ronald (director de pastoral de la parroquia) y los otros eran chicos que están en la casa parroquial haciendo un discernimiento vocacional.
Nos dejaron en nuestra casa (dos habitaciones, cocina, baño, salón comedor y jardín selvático), tomamos un “matesito de coca” y a dormir.
Llegó el despertar del domingo, más o menos a las 11 de la mañana, y con él el soroche: dolor de cabeza, vómitos, corazón acelerado y mareos. Algunos lo llevamos mejor y otros peor, aunque no tardamos ninguno en darnos al ibuprofeno y al “sorochipill”.
Los que estuvimos mejor, a las 13h fuimos a comer a la casa parroquial. Es como un hogar para mucha gente: los curas, las monjas, los jóvenes, los chicos y chicas del discernimiento vocacional, voluntarios y ahora nosotros. La acogida fue maravillosa con una frase que todos nos repetían al darnos un abrazo: “Bienvenidos a casa”.
Después de la comida, a base de sopita blanca y matesito, nos llevaron a dar una vuelta de reconocimiento de la ciudad, y de ahí a dormir la siesta.
A las 19h hubo misa parroquial llena de jóvenes (en El Alto el 60% de la población tiene entre 15 y 19 años) y seguidamente la cena: otra vez a base de sopita blanca y matesito. Un poco de sobremesa y vuelta a la cama a dormir y descansar.
Hoy ya es lunes: nos hemos levantado con más fuerzas, hemos desayunado juntos y ahora escribimos la crónica.
Esta tarde vienen nuestras familias a buscarnos para convivir con ellas durante un mes, así que volveremos a escribir en unos días.
Feliz comienzo de semana a
tod@s.
p.d.--> tenemos problemas para subir las fotos, así que un poco de paciencia...